martes, diciembre 03, 2013

Encuentro departamental de escritores Hugo Ángel Jaramillo 2013.


lunes, diciembre 02, 2013

Cine clásico



Por: Germán Ossa E.

Muchas veces me he encontrado con personas que me abordan para hacerme esa pregunta: ¿Qué es para usted cine clásico? Y a decir verdad, no he encontrado hasta ahora, aun después de muchísimos años de ver y enfrentar  películas de todo tipo, una respuesta certera, convincente, que satisfaga tanto a quienes lo desean saber, como a mí, que soy tan apasionado al arte más nuevo que el hombre inteligente haya podido inventar.

Toda la vida me ha descrestado el teórico e investigador Eduardo Russo, pues desde que publicó su extraordinario libro “Diccionario del Cine”, nos ha ayudado mucho a descubrir y redescubrir, el significado de muchas palabras, conceptos y teorías que sobre el cine se ponen en el camino de la imaginación y la inteligencia.

En este hermoso e interesante libro, en la página 62, respondiendo a esta inquietud dice: “Lo clásico es algo más que una etapa histórica en el siglo del cine. Es un modo estilístico, basado en cierta idea de estabilidad en las formas y de predominio de la lógica narrativa en el armado de una película. De funcionalidad en el estilo visual y sonoro, de ideal de  transparencia en la narración, como si el espectador asistiera al relato como testigo presencial y privilegiado de los acontecimientos”. Pero no contento con esa pequeña y un poco confusa definición, el teórico Russo publicó hace cinco años, un muy extraordinario (ya clásico) libro que tiene por objeto complementar su concepción sobre este concepto, con el título “El cine clásico; Itinerarios, variaciones y replanteos de una idea”. Allí, en 180 páginas, muy bien sustentadas, nos aproxima fuertemente al entendimiento de esta colección de apreciaciones.

Un poco en síntesis, llega uno a pensar que una cinta clásica, en términos generales, es esa que es capaz de poner de acuerdo a diversos tipos de públicos, con muy variadas formaciones, ideologías, creencias y gustos, en el mismo disfrute y goce,  de una historia que se contó en imágenes que viajan para todos lados, allá en una pantalla gigante y blanca, casi que obligando a los mismos, a no permitir que ella, se borre jamás de sus memorias.

Independiente de su nacionalidad, de su época, de su intención teórica, un clásico es ese filme que queremos ver más de una vez y del cual sentimos envidia por no haber sido nosotros los que lo hicimos.

Un verdadero clásico cinematográfico, es ese sueño hermoso que aún habiéndolo tenido uno, otro lo hizo, con sus propios actores y con sus propias cámaras tomavistas.  

Pereira de película, un proyecto del concejal Gallo.



Tomado del Diario del Otún.

El concejal Juan Pablo Gallo radicó ante el Concejo de Pereira un proyecto de acuerdo que pretende fomentar la industria del cine en la ciudad y reconocer el valor cultural del séptimo arte.

Concejal Juan Pablo Gallo (Fotografía: Diario del Otún)
El dirigente liberal explicó el alcance del proyecto: “Por un lado queremos aprovechar las oportunidades que otorga la Ley de Locaciones de Cine para hacer de Pereira una ciudad atractiva para el rodaje de películas nacionales y extranjeras. Por otro lado queremos reconocer y fortalecer el cine local, el cual ha demostrado ya un buen nivel, pero requiere de todo el apoyo por parte de la ciudad para lograr un desarrollo competitivo a nivel nacional e internacional.
Hemos formulado este proyecto en equipo junto a reconocidos realizadores, directores y críticos de cine de la ciudad, tratando de que éste sirva como herramienta de apoyo al sector audiovisual de Pereira”.

El concejal expuso los beneficios que se pueden alcanzar si la ciudad mira a la industria audiovisual como fuente generadora de desarrollo: “Pereira de película, es un concepto que pretende de una manera ambiciosa convertir a la ciudad en meca del cine nacional al nivel de Bogotá o Cartagena. Pereira cuenta con todas las ventajas competitivas para abrirse al mundo como destino para el rodaje de películas, es una gran oportunidad a nivel social, dado que apuntándole a sectores tecnológicos e innovadores se pueden generar nuevas oportunidades de empleo y progreso. Además, se cuenta con una gran fortaleza como es el número y calidad de realizadores locales listos para trabajar en los proyectos que lleguen”.

El proyecto reconoce el valor cultural del cine: “El contar con dos festivales de gran prestigio nacional: “El Festival de Cine del Sur” y “El Encuentro Nacional de Críticos y Periodistas de Cine” realzan la importancia que para la ciudad ha tenido tradicionalmente el arte y la cultura.

martes, octubre 08, 2013

Splendor.

Por: Germán A. Ossa E.

“SPLENDOR” (1988) es la primera de las tres películas que rodó Massimo Troisi, bajo la dirección de Ettore Scola. En ella se entremezclan las vivencias de tres personajes: el propietario de una nostálgica sala de cine llamada “Splendor” (Don Marcelo Mastroainni), el encargado de la proyección ( Massimo Troisi) y la taquillera y sensual (Marina Vlady).
“Splendor”  consiste esencialmente en los recuerdos de los tres,  provocados por la inminente clausura del local. Pero, mientras los obreros están desmantelando todo, los habitantes del pueblecito en el que se desarrolla la película,  deciden unirse para evitar la desaparición de “su” cine. El pueblo en cuestión es Sant’Arpino (en Ciociaria), elegido por Scola,  probablemente por su aura poética y antigua.
La trama es ésa: el pequeño cine de provincia que debe  cerrarse por falta de espectadores, pero Scola, con esta película, quiso hacer algo más: un HIMNO al cine, ese cine que a pesar de todo, no morirá nunca. No era una idea nueva. Ya otros la habían tenido:  Fellini una vez y  Tornatore, otra.
El personaje de Troisi es interesante: enamorado como un niño del cine, devorando, imagen tras imagen desde su cabina de proyecciones, rodeado por rollos de películas y manuales sobre cine. Los divos en pantalla aumentan los sueños e ilusiones de Luigi (Troisi), como de todos los apasionados como nosotros, por el cine. Es un personaje soñador y realista al mismo tiempo.
El propietario del Splendor (Giordan/Mastroianni) era hijo del arte: su padre poseía un cinematógrafo itinerante, y, de hecho, una de las escenas iniciales en blanco y negro, es la de un público que, llevando sus propias sillas, se coloca delante de una pantalla rudimentaria (y éste es el hermoso cartel de la película), para ver un clásico: “METROPOLIS”,  de Fritz Lang.
“Splendor”  empieza con la escena de la clausura del cine y cierra con la misma, con una revuelta de la gente que quiere seguir teniendo a toda costa su teatro.
La película alterna el color para las imágenes del presente y el blanco y negro para los recuerdos, ésta es una técnica recurrente en Scola que ya la había mostrado  en “Nos amamos  tanto” con Vittorio Gassman y Nino Manfredi.
En la película hay una referencia constante al mejor cine de autor; se respira un aire “felliniano”, un poco barroco y, en la pantalla del cine ambulante,  aparecen imágenes de obras maestras, desde “La dolce vita”  hasta otras  de Dino Risi y unas màs del extraordinario Bergman.

El cine es en esta película nada más y nada menos que un lugar mágico, misterioso y fascinante, donde la gente se encuentra con la esperanza, y, a menudo, la promesa, de una vida mejor y distinta de la cotidiana.
Cuando Luigi consigue su trabajo en la cabina de proyección es un momento muy técnico e interesante: la demostración por parte de su predecesor, de cómo remontar la película en caso de rotura, cómo efectuar el montaje de ciertos trozos, parece la fase de “cortar” y “pegar” del montaje de una película.
Desde el punto de vista de la iluminación, la película tiene un vago sentido de oscuridad debido al hecho de estar rodada casi completamente en interiores (en la nostálgica sala Splendor).
Giordan, a lo largo de la película hace una serie de reflexiones sobre quién va al cine, por qué y qué busca. Éste es uno de los mensajes de la película que hace comprender que Scola haya querido hacer una reflexión sobre el cine y, quizás, sobre la vida.
Las películas que se han hecho sobre el cine, hablan del temor que causa pensar en que el cine desaparecerá y de hecho, los finales son siempre halagüeños.
“Splendor”, siendo tan nostálgica, no es la excepción.
¡Qué bello homenaje!

Próximo miércoles, 9.octubre.2013, en la sala alterna del Santiago, esa bella sala que no debe morir…..para el cine.

domingo, septiembre 29, 2013

La noche americana.

Por: Germán A. Ossa E.

Ha llegado un nuevo ciclo en el campo de los talleres de Apreciación Cinematográfica; se trata de rendirle un homenaje al Cine.

Al cine se le han dedicado muchas películas, muchos libros, muchos dramatizados y para el caso que nos ocupa, hemos seleccionado cuatro espectaculares cintas, con el fin de observar la mirada que sobre el cine, tienen grandes cineastas de todo el mundo.

Empezaremos con “La Noche Americana”, la bellísima cinta de Francoise Truffaut; luego “Splendor” esa hermosísima y sentida cinta del italiano Ettore Scola; después, la bella “Cinema Paradiso”, que antecede a la tenaz cinta “Ocho y medio” del extraordinario Fellini; para rematar con una latinoamericana: “La vida útil”, del famoso creador uruguayo Federico Veiroj.

“La noche americana” es una película francesa de 1973, dirigida y protagonizada por François Truffaut, junto a Jacqueline Bisset y Jean-Pierre Léaud en los papeles principales.

La historia narra las tribulaciones de un director de cine durante el rodaje de una película.

El filme toma su título de la técnica cinematográfica del mismo nombre, que consiste en la aplicación de un filtro oscuro sobre la lente de la cámara para simular que se rueda de noche.

En un estudio de cine en Niza se prepara el rodaje de la película “Je Vous Présente Paméla”, un melodrama lleno de lugares comunes. Los actores son Alexandre (Jean-Pierre Aumont) y Séverine (Valentina Cortese) estrellas de un tiempo pasado, Alphonse (Jean-Pierre Léaud), un galán joven y temperamental, con aires de divo, y una actriz británica, Julie Baker (Jacqueline Bisset).

Entrelazadas en el guion, van apareciendo situaciones reales de la vida de los actores y del equipo técnico, con sus conflictos personales, como el de Julie Baker, inestable debido a una crisis nerviosa causada por la controversia suscitada por su matrimonio con un médico mucho mayor que ella, padre de su ex esposo. O el de Alphonse, que amenaza con abandonar la filmación cuando su novia lo deja por uno de los técnicos. O a Alexandre, el veterano, muy profesional en sus escenas, pero nervioso e impaciente por ir a buscar a un muchacho al aeropuerto. La veterana estrella Séverine por su parte, tiene problemas con el alcohol y olvida los textos que tiene que decir, en una memorable escena de la película.

El desarrollo de la filmación se muestra a través de escenas entre el personal técnico y el director Ferrand (François Truffaut), que trabajan intensamente para entregar la película terminada en el tiempo estipulado.

Es una película llena de amor por el amor, de amor por el cine, de amor de un director a su trabajo y a la gente que lo acompaña. Es una de las más bellas películas hechas bajo la dictadura hermosa de la “Nueva Ola del Cine Francés”. Un verdadero homenaje al cine y a todos los que lo amamos.

±

Próximo miércoles, 2 de octubre, a las seis y treinta de la tarde, en la sala alterna del “Santiago Londoño” de la ciudad de Pereira.

sábado, septiembre 21, 2013

Oliver Twist.



Por: Germán Ossa Escobar.

Esta es la  película que cierra el ciclo “Literatura y Cine” que hemos programado en el marco de los talleres de Apreciación Cinematográfica que llevamos a cabo en la Sala Alterna del Santiago Londoño y que auspicia el Instituto de Cultura de nuestra ciudad.


Bien sabemos que la literatura ha alimentado durante estos más de cien años de vida del arte en movimiento proyectado en una pantalla blanca y grande, al arte por excelencia, aunque también sabemos que el cine le ha dado material a la literatura para enriquecerla ostensiblemente. De hecho, el intelectual antioqueño Darío Ruíz Gómez, crítico de cine y de arte en general, habló hace algunos años de la “Cultura B”, esa que se hace con letras y palabras, cuando se narra, describe, habla, comenta y se produce, a partir de una o varias películas recién miradas. Tal y como sucede con el cuento del huevo y la gallina, uno no sabe qué es más importante, si el cine que se hace con base en una historia contada en una novela o unas historias, análisis, desciframientos, estudios psicológicos o demás, con base en una o varias películas recién vistas. Pero lo cierto del caso es que la literatura y el cine van de la mano y lo seguirán por años.


Al único que le ha ido mal siempre, ha sido a nuestro Nóbel Gabriel García Márquez, escritor, guionista, crítico de cine y estudioso refinado de la literatura universal, pues nada de lo que se ha hecho en cine con sus magníficas fantasías, realistas y mágicas, ha tenido un terminado feliz en la pantalla grande. Ni las hechas en México, en Colombia, en Cuba o con talento italiano. 


Pero bueno, nos interesa pensar en “Oliver Twist”, la cinta que veremos este miércoles a las seis y treinta de la tarde. Una película dirigida por William J. Cowen, en un perfecto blanco y negro (tonos intimistas que radiografían la conciencia de sus protagonistas), en la que, Oliver (Dickie Moore) un niño huérfano que le llevan a un orfanato y que debido al mal tratamiento que se le da, un día decide escaparse a Londres. Cuando llega a esa in mensa ciudad, conoce a Artful Dodger (Sonny Ray), quien le da acogida.  La inocencia de un niño de 10 años, lo hace (sin darse cuenta) adentrar en una banda de chicos carteristas dirigido por el malvado Fagin (Irving Pichel). Unos días después, una familia aristocrática lo acoge en su casa y muchas vidas cambian.


Una historia bien contada, perfectamente ambientada y posible. Podría servir de guía para hacer mundos mejores. Cosas que en general, puede hacer el cine si se lo propone.