domingo, mayo 19, 2013

Sida y Cine

 Por: Germán A. Ossa E.

Proyecto cinematográfico desarrollado con los objetivos de aprovechar la producción documental en apoyo a las personas que viven con VIH/SIDA, explorar la universalidad de esta enfermedad a partir de las particularidades de Cuba y contribuir a que las personas que viven con VIH puedan encontrar una mayor comprensión de la sociedad

“Viviendo al límite” busca generar conciencia sobre este padecimiento como un problema de todos y motiva  a los espectadores a hacer algo para contribuir a través de un trabajo de educación, a modificar conductas y luchar contra la epidemia, pero también a que las personas que viven con VIH sigan viviendo con plenitud, con entereza, con dignidad, con valentía.
http://cinereverso.org/wp-content/uploads/2012/11/Viviendo-al-l%C3%ADmite-01.jpg
El filme está dirigido por Belkis Vega, realizadora de cine, televisión y video de amplia experiencia,  profesora de documental de la Facultad de Cine, Radio y Televisión del Instituto Superior de Arte, de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños.

“Viviendo al límite” se propuso compartir la experiencia de personas viviendo con VIH/SIDA, tanto en un sanatorio como fuera de él, seguir en sus vidas cotidianas a los protagonistas y brindar información fundamental sobre el desarrollo de la epidemia en Cuba. Con este fin, el proyecto mezcla técnicas documentales con el Playback Theater, una forma teatral conocida en los países de habla hispana como Teatro Espontáneo y que nace de la improvisación a partir de testimonios reales, de historias vividas. 

El Playback Theater permite la participación activa de narradores y actores. Un conductor entrevista al testimoniante de forma que los actores puedan tener todos los elementos para la representación. Los actores entonces entrelazan movimientos, textos y poesía,  ofreciendo una interpretación de la esencia emocional de la historia. 

Los actores que participaron en el proyecto, en su mayor parte, provienen de Teatro de los Elementos, grupo que tiene una amplia y profunda experiencia en hacer teatro comunitario y de creación colectiva.

Para conseguir fondos para este proyecto, se convocó a artistas plásticos para que donaran obras con el fin de ser vendidas en una "expoventa" El Arte por la Vida, organizada con el apoyo del Ministerio de Cultura de Cuba, el Consejo Nacional de las Artes Plásticas y la oficina del Historiador de la Ciudad. Como resultado, se lograron financiar las etapas de investigación, prefilmación y filmación.

 “Viviendo al límite”  recibió los siguientes reconocimientos:
·         Gran Premio Documental. Festival Cine-Plaza, 2004.
·         Premio de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC). Festival Caracol, 2004.
·         Premio de Cinematografía Educativa (CINED) en el XXVI Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. La Habana, 2004.
·         Premio del Consejo Provincial de las Artes Escénicas. VI Festival Internacional de Documentales Santiago Álvarez in memoriam 2005.
·         Premio del Centro de Superación para el Arte y la Cultura. VI Festival Internacional de Documentales “Santiago Álvarez in memoriam” 2005.
·         Premio Especial del Jurado. III Festival Internacional de Cine Pobre. Gibara. Cuba 2005.

La directora Belkis Vega estuvo con nosotros en el XIV Encuentro Nacional de Críticos y Periodistas de Cine de Pereira y esta cinta, “Viviendo al límite”, es la que veremos el próximo miércoles en la Sala Alterna del Santiago Londoño, en un nuevo taller de apreciación cinematográfica. Entrada libre.

miércoles, abril 10, 2013

Retrato íntimo de un director boliviano.

Por: Edith Girval


(Publicado en:  http://lintermede.com/cinema-marcos-loayza-portrait-realisateur-bolivien-pereira.php)



Marcos Loayza es un director boliviano nacido en La Paz. Formado en la escuela San Antonio de los Baños en Cuba, es el autor de varios largometrajes premiados, entre los cuales Cuestión de Fe (1995), que recibió el Premio Especial del Jurado en el Festival de Biarritz.

Pereira. Una pequeña ciudad de la zona cafetera colombiana, donde siempre hace calor, mucho calor. Un calor sofocante que hace buscar con avidez cada patio plantado de árboles, y vuelve preciosa la sombra climatizada de las habitaciones de hotel.


Edith Girval en el Encuentro Nacional de Críticos de Cine de Pereira

 Los participantes del XV Encuentro Nacional de Críticos de cine  se reunieron en una antigua casa colonial, transformada en café a la moda. El ambiente es alegre, la mayor parte de los periodistas, críticos y cineastas se conocen desde hace años –se habla fuerte, se ríe. 

En el centro de la mesa, solo un hombre se destaca por su silencio. Es Marcos Loayza. Marcos es un cineasta boliviano. Debería ser la estrella de este festival. Y sin embargo, controla tan bien el arte de huir de los periodistas que se librará (casi) sin haber dado una entrevista. Si bien no habla mucho, Marcos observa. Intensamente, con una extraña curiosidad, siempre alerta. Escucha, observa, y a veces, a pesar de su aire tan discreto, estalla en una carcajada, una risa de una franqueza desconcertante.

Marcos Loayza es un hombre de pocas palabras, de pocos gestos. Hay en él una calma tranquila que parece empujarlo a economizar cada palabra, a evitar todo lo superfluo, para solo guardar lo realmente importante, lo realmente valioso, lo realmente sincero. En todo, practica esta frugalidad reflexiva, esta sobriedad voluntaria –en sus amores de cine como en sus amistades humanas: “Cuando uno está aprendiendo el cine es más afín a elegir directores y maestros, y gente a quien seguir, pero con el paso de los años y con el paso  del tiempo y después de ver muchas películas, uno se queda sólo con unas cuantas, unos cuantos libros y unos cuantos discos, que tienen la capacidad de volver a conmovernos por siempre. Que su relectura nos produce el mismo placer y la misma sorpresa que nos causó la primera vez. No es que hay artistas que sean más que otros, sino simplemente hay sensibilidades afines a las de uno. Uno se queda apenas con unas cuantas poéticas, nada más. Como los amigos.”

Cuando uno le pregunta cuáles son sus ídolos, Marcos evita la pregunta y esta parece casi vulgar a quien la hizo. Termina confesando entre líneas una fascinación por los grandes comienzos y los finales gloriosos. Le gustan las primeras películas de Almodóvar, de Scorsese, o de Bernardo Bertolucci, porque son períodos donde estos artistas “tienen todo su ímpetu y que prefiguran en sus primeros trabajos, llenos de imperfecciones, el resto de toda su obra”. Pero también encuentra admirables las obras al contrario crepusculares –las últimas películas de Manuel de Oliveira o de Clint Eastwood, “que, por el contrario, a la madurez logran, lo mismo que Goya, hacer un arte desprejuiciado y en el buen sentido de la palabra hacen lo que les viene en gana; lo que yo llamo la lucidez tardía que debe ser la mejor manera de envejecer”. 

Uno no sabe bien qué edad puede tener Marcos. Conserva aún la risa y la mirada luminosa de un niño travieso. Un poco como el personaje principal de su largo metraje Cuestión de fe (1995): Domingo, un escultor de estatuillas religiosas que se embarca en un extraño road-trip con una gigantesca virgen atada a su camioneta, tiene, él también, a pesar de los años y la gordura, un aire de chico malo que se hace castigar. 

Marcos creció en Bolivia, “un país marcado por la pobreza y cierta tranquilidad, con la esperanza intacta a pesar de tanto golpe recibido; crecer ahí da una cierta frustración pero mucha fortaleza, es muy difícil, en esas circunstancias, no poder ver los resortes de lo humano, que es la materia prima del arte”. Tal vez es también esto que le da tanta paciencia. Marcos parece escribir sus guiones “al revés”: en vez de cebar una historia un poco flaca o coja, él prefiere proceder por eliminación. Es de un lento proceso de selección, de maduración, que nacen sus historias: “Tardo mucho en escribir, desecho varias historias, dejo que maduren, y el tiempo y la memoria decanten cada historia, o la desechen definitivamente; tengo varios bosquejos y elijo, después de tiempo, uno y de ahí lo pienso mucho, todos los días, muchos días.” Algunos meses más tarde, una vez el guión escrito, y corregido pacientemente, el trabajo de adelgazamiento vuelve a empezar: Marcos, que nunca ha hecho una película de más de 90 minutos, “elimina muchas cosas” durante esta fase de relectura final, para guardar sino lo esencial –que tendrá que “reposar” antes de estar listo para “darle vida” durante el rodaje. Pero también es la paciencia de hacer películas a pesar de las dificultades financieras. Sin infraestructura, ni subvención, en un país que no tiene los medios para hacer del cine una prioridad, uno no se vuelve cineasta por ánimo de lucro. Es más bien una lucha cotidiana: hace ya ocho meses que Marcos busca reunir el 10% del presupuesto que le falta para terminar su última película, Las Bellas durmientes[1]

Uno entiende así que él quiera dar a conocer “historias que valgan la pena ser contadas, porque no todas las historias merecen hacer la tremenda inversión y de más de un año de trabajo.”

El rodaje mismo es como un placer lujoso, que nada debe arruinar: Marcos escoge con cuidado cada uno de sus colaboradores, siempre prefiriendo la “gente que me cae y le caigo bien” a quienes, aún rebosantes de talento, estarían  por desgracia privados de cualidades humanas. Todo es una cuestión de afinidades electivas, hasta para los personajes de sus películas: “Cuando uno hace un guión tienen que, de alguna manera convivir con los personajes que intervienen en la historia que se está escribiendo, entonces por eso es que prefiero tener en casa por meses gente agradable y simpática, sobre todo empática; y no tener de alojado y convivir con un sicópata, un tirano egocéntrico, o un proxeneta, o una persona detestable, por eso prefiero trabajar con personajes más entrañables, más cercanos, cotidianos.”

Sin lugar a dudas, Marcos Loayza es él mismo uno de esos personajes con quien uno tiene ganas de pasar el tiempo, y que uno estaría feliz de tener como invitado el tiempo de una película –o de una aventura exótica, en el calor sofocante de las palmeras colombianas.

En el último día de ese maravilloso Encuentro Nacional de Críticos de Cine de Pereira, llegado el momento de las despedidas, en una pequeña tienda de patacones de un Centro Comercial Moderno, donde se intercambiaban de nuevo las risas, los e-mails, y las promesas de escribirse, Marcos no estaba allí. Había desaparecido discretamente, antes de que el telón se levantara para los abrazos. No nos dijimos adiós, y estuvo muy bien así.


[1] Sur Las Bellas Durmientes, voir : http://www.bellasdurmientes.com/el-director

jueves, marzo 28, 2013

Recuerdos de un cine club.

Univer

Por: Germán A. Ossa E.


El Cine Club Universitario, aquel que nació en las entrañas de la Universidad Tecnológica de Pereira, el que se hizo famoso por sus extraordinarias funciones los martes en el Comfamiliar de la quinta con veintiuna, no fue el primer Cine Club que se conformara en nuestra ciudad. 

Don Bartolomé de la Roche, el distinguido señor que acostumbra refugiarse en la cafetería Kalhúa que se inventara “Manolo” en la peatonal frente a la Biblioteca del Banco de la República (lo que queda) y que con un cigarrillo en la mano, un tinto aromoso sobre la mesa y la mirada sobre los diarios que al sitio llegan por obra y gracia del Espíritu Santo, nos relató en días pasados -con los detalles de las películas de ficción- cómo muchos años atrás había nacido el otro Cine Club Universitario.

edificio administrativo antiguo
Universidad Tecnológica de Pereira. (Tomada de http://blog.utp.edu.co)
Ambos tuvieron su origen en la Tecnológica. El de don Bartolomé, con la complicidad de unos geniales amigos suyos, como la dama Alba Lucía Ángel (extraordinaria escritora pereirana, autora de “Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón” ); el Dr. Jorge Grisales Pérez; el Dr.  Ricardo Mejía Isaza y su novia, la bella dama Ivette Rahal  y su hermano Arturo Rahal Garios, (teatreros que hicieron varios montajes con Don Guillermo Arango Santamaría, comerciante brillante que aportó mucho económicamente a las picardías intelectuales del grupo); el ingeniero Gustavo Orozco;   Alberto Ilián el otro ingeniero y algunos pocos más, quienes compartían cierta amistad con Don Santiago Cabal, propietario de unas grandes salas de cine de la comarca, consiguieron de él el permiso para exhibir en uno de sus teatros (entre el Caldas y el “Karká”) la extraordinaria película “La Dolce Vita”, del mago Federico Fellini,  con las bellísimas Yvonne Furneaux y Anouk Aimée y el galán de la época, Marcelo Mastroianni, quienes contaron con un enorme éxito de público y la estrafalaria censura e inquisición del Obispo de entonces, Baltasar Álvarez Restrepo, quien ordenó, de una parte,  el cierre de la sala y de la otra, la  clausura del Cine Club, obligándolo a seguir actuando en una cuasi clandestinidad, por lo demás, mágica.


Luego, ya organizados de manera más seria y programática, armaron con otros cineclubes de la región (Medellín y Palmira, Valle), la Federación de Cine Clubes de Occidente y programaron ciclos serios de películas (Uno con películas comunistas de Cuba) con las que afianzaron su responsabilidad formadora de un público  cinéfilo en la localidad y llegaron a invitar al cineasta bogotano Diego León Giraldo, con su película “Mente Sana-Corpo Sano”, para consolidar a un grupo de amantes del cine que hasta se animó para asistir a un Festival de Cine de Cartagena, en el que vieron la extraordinaria cinta que el mismísimo Obispo Baltasar Álvarez Restrepo, no hubiera querido que vieran: “EL Gatopardo”, de Don Luccino Visconti, cinta vital que esconde obviamente una fuerza que no conviene a muchos…


Eran los hermosos años sesenta, los mismos de los Beatles, la minifalda, los de sí al amor y no a la guerra, los del “Club del Clan”, los de Jean Paul Sartre y el Che Guevara, los de Viet Nam sacando de sus tierras a los “poderosos” gringos, los de la revolución y la rebeldía, los de los pantalones con la bota campana, los del pelo largo, esos que ahora de verdad, añoramos!


Ese grupo de cinéfilos es, sencillamente,  el culpable de que ahora seamos tantos, en nuestro medio, los que amamos  entrañablemente  el cine. 


¡Gracias, Bartolomé de la Roche, por estas memorias!   

martes, marzo 05, 2013

"El talento colombiano"



Por: Germán A. Ossa E.
Hay dos canales de televisión en nuestro país que no creen que en Colombia hay capacidad para crear historias puras, blancas, finas, inteligentes, que llenen el espíritu de los habitantes que son fieles a la tv colombiana. Están empecinados en meternos, a la brava, cientos de historias llenas de narcotráfico, prostitución, paramilitarismo y corrupción. Como si los noticieros, los diarios y la radio, no fueran  portadores suficientes de estas historias e información.

Hay un deseo morboso por parte de estos dos canales, los más poderosos económicamente y que apoyan y financian nuestro cine, de rendirle pleitesía y tributo a esos nefastos personajes que han dañado la imagen de nuestro país a nivel universal, para obligarnos a concebirlos (y he ahí el error) como los héroes y personajes que han hecho, determinado, construido y consolidado nuestra historia.

No es suficiente “El Capo 1”, más “El Capo 2”, más  “Sin tetas no hay paraíso”, más  “Los Victorinos”, más “Pablo, el Patrón del mal” y otra decena de largas historias que nos muestran y nos enseñan las trampas que hay que hacer para volverse multimillonario, robar, matar y delinquir, para volverse mundialmente famoso o  el personaje que nadie podrá olvidar….. Hay que seguir.

Estos canales son tan hábiles, que penetran un festival de cine como el de Cartagena, para premiar año tras año a sus actores, sus guionistas, sus directores y demás “genios”. ¡Y a bien que lo hacen! Este año por ejemplo, el público cartagenero acabó con las manos rojas de aplaudir a los “genios” que hicieron, según cuentas, “a la perfección”, la tierna historia “Pablo, el patrón del mal”, donde se mostró -con publicidad en la emisora “La W” de Julio Sánchez Cristo, el programa “La Luciérnaga”, la prensa escrita de corte nacional y miles de emisoritas de medio pelo en nuestro país- que este personaje prácticamente se hizo malo, porque la sociedad lo corrompió y que en el fondo, haciendo bien las cuentas, fue más lo bueno que entregó, que lo malo que mostraron en cierta forma,  los amarillentos diarios de este país, que de golpe alguna vez, se le encomendara al Sagrado Corazón de Jesús.      

Y para refrescarle la memoria amable lector, le dejo aquí la lista de los premios que le dieron a esta serie que viaja con éxito por muchos países del mundo, mostrando a ese maravilloso ser humano, que tan notablemente se encuentra dando la cara por todos nosotros (los que lamentablemente no pudimos ir a aplaudir a la Ciudad Heroica):  Mejor Adaptación de Obra Literaria o Libreto para Telenovela;  Mejor Serie o Miniserie;  Mejor Director de Serie o Miniserie;  Mejor Actriz Protagónica de Serie o Miniserie; Mejor Actor Protagónico de Serie o Miniserie;  Mejor Actriz de Reparto de Serie o Miniserie; Mejor Fotografía de Serie o Miniserie; Mejor Arte de Serie o Miniserie;  Mejor Edición de Serie o Miniserie y Mejor Banda Sonora de Serie o Miniserie.

 Lamentablemente no hay allí, un premio al buen ejemplo, porque también -estoy casi seguro- lo recibiría uno de tantos personajes nefastos que allí laboran y que se empecinan por idolatrar a todos nuestros tinieblos personajes, con los que se puede hacer dinero fácil, interpretando a toda cabalidad a un hombre  que “mata y come del muerto” .

Gracias a Dios ya viene la historia de los Castaño. ¡Qué esperanzas! !He ahí el talento colombiano!